Análisis de esta problemática

A partir de la información recopilada sobre la violencia sexual en el marco del conflicto armado, es    importante realizar un análisis en torno a los postulados de Ignacio Martín Baró, para poder                comprender desde la psicología social qué es lo que está sucediendo con las mujeres que han sido víctimas de estos abusos en Colombia. 


Para iniciar, y tal como lo decía nuestro referente, es preocupante cómo la guerra se ha convertido en algo cotidiano y se percibe como algo “natural”; y, tras la investigación realizada, es posible notar que no solo la guerra se concibe como algo natural, sino también los abusos sexuales cometidos en el marco del conflicto. Adicionalmente, Martín Baró postuló términos indispensables para dicho análisis: salud mental, polarización social, mentira y trauma, los cuales se irán retomando a lo largo del análisis de la situación elegida. 


La salud mental es el foco de este análisis, pues en el tema de violencia sexual las consecuencias psicológicas y físicas para las víctimas son realmente atroces y afectan directamente la calidad de vida y el tipo de relaciones que pueda tener dicho individuo. Para ser más concreto, la salud mental, definida por Ignacio Martín Baró (2000a), tiene una relación de afuera hacia adentro, es una materialización en una persona del carácter humanizador o alienante de una estructura de relaciones históricas; es decir que la salud mental tiene todo que ver con las relaciones y vínculos que se crean alrededor de cada uno. Hay que situarse en el contexto del conflicto y la violencia sexual vivida por las víctimas, ¿cómo preocuparse por la salud mental cuando su propia vida estaba corriendo peligro? (Martín Baró, 2000a), si vivían en un entorno repleto de violencia, miedo y opresión, es natural que las relaciones y los vínculos se vieran afectados y por lo tanto la propia salud mental. Es de notar que las víctimas de la violencia sexual se les dificulta aún más crear nuevas relaciones afectivas, e incluso, como se veía en uno de los testimonios, se les dificulta retomar su vida por el gran trauma que vivieron, por lo que su salud mental se veía altamente comprometida de forma negativa por su dificultad para crear lazos y vínculos con los demás. 


Sin embargo, adicional al factor personal que dificulta que las víctimas creen relaciones, y por lo tanto que se vea deteriorada su salud mental, también se debe considerar que la violencia y la polarización social dificultan las relaciones entre los individuos de una sociedad marcada por la guerra. La violencia tiene un gran impacto pues en la guerra  lo que cuenta es la razón de su fuerza, de su poder militar, de su capacidad de destrucción para obtener lo que se quiere. Acorde con Marín Baró (2000), la violencia destruye y deteriora las relaciones humanas y sociales, que a su vez impacta negativamente en la salud mental de toda la sociedad. Por lo tanto, para laas víctimas no solo la violencia sexual a las que fueron sometidas impacta sus relaciones humanas como previamente se mencionó, sino que de fondo ya poseen un contexto donde todas las relaciones humanas están tan fragmentadas por la violencia que les dificulta aún más la misión de crear vínculos con el otro. Se puede notar dicha situación en la historia de la victima de violencia sexual que no pudo regresar al colegio y tampoco denunciar por el miedo infundido por su agresor. Es realmente decepcionante evidenciar cómo se deterioró su vida al ser sometida a tanta violencia que le impidió seguir su camino en la vida. 


Adicionalmente, la polarización, entendida como la diferencia entre “ellos”, los malos, y “nosotros”, los buenos, conlleva a la desaparición de la base de interacción cotidiana, pues ya no existe un otro en quien confiar, sino un enemigo a quien acabar (Martín Baró, 2000a). Si bien se ha desarrollado un tipo de despolarización, un esfuerzo consciente de algunos grupos para desidentificarse de ambos contendientes, los grupos enfrentados se encargan de mantener la polarización y profundizar asegurando que los otros son los malos que hay que eliminar (Martín Baró, 2000b). En ese orden de ideas las víctimas son obligadas a elegir un bando, y quien se quede en un estado neutro será enemigo de ambos contendientes (Martín Baró, 2000a). Esta situación resquebraja los cimientos de la convivencia y se da una tensión no solo bélica, sino también socioemocional, que dificulta la interacción social entre los individuos (Martín Baró, 2000a), y empeora la situación y posición que tienen las víctimas de la violencia sexual por la compleja crisis de relaciones en su contexto social, pues si bien podrían buscar ayuda, en un entorno, donde el “otro” puede ser un enemigo, no hay en quien confiar, no hay un vínculo de apoyo o ayuda, no hay quien les recate de dicha situación. 


La mentira también hace parte del juego sucio de la guerra y la violencia sexual. En un contexto bélico, pocas veces se habla con la verdad, pues en las noticias y medios de comunicación se cuentan historias que ocultan la realidad, y callan a aquellos que quieren contar la verdad de los hechos ocurridos, agravando la situación de violencia ya instaurada (Martín Baró, 2000b). Esta situación puede evidenciarse con la historia de Sofía, en la que su agresor la amenaza y la agrede físicamente para impedir que pida ayuda o denuncie esta situación. 


Por último, y como consecuencia de todos los puntos antes mencionados, se desencadena el trauma psicosocial. Cuando se habla de trauma se hace referencia a una herida, un residuo permanente que cambia la forma de actuar, pensar y relacionarse (Martín Baró, 2000b). La experiencia que vivieron las víctimas de la violencia sexual de vulnerabilidad, peligro, indefensión y terror, adicional al deterioro de la convivencia conllevan al trastorno del individuo. Este trastorno puede afectar a cada persona de manera diferente, en especial a los niños que están creando su personalidad e identidad (Martín Baró, 2000a). Es de notar como la agresión sexual cambió la vida de cada una de los testimonios relatados en el contexto, una de ellas, que no pudo regresar a la escuela e incluso tuvo respuestas somáticas ante este hecho traumático, y Sofía, quien parió una niña fruto de la violación y la violencia física de su agresor. Es desgarrador pensar cómo estas niñas pueden seguir con sus vidas y crear mecanismos de adaptación ante los hechos traumáticos que les sucedieron, que perturbaron su forma de vivir y relacionarse con los demás. 


Referencias
Martín Baró, I.  (2000a) Guerra y Salud Mental. En: Martín Baró, I. & Colab. (2000) Psicología Social de la Guerra. El Salvador. UCA Editores. Págs. 24-40.

Martín Baró, I. (2000b) La violencia política y la guerra como causas del trauma psicosocial en El Salvador. En: Martín Baró, I. & Colab. (2000) Psicología Social de la Guerra. El Salvador. UCA Editores. Págs. 65-84.

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